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CHANGO #100

y la anacronía del subconsciente colectivo

Monday, November 09, 2009

La Carne Asada de Heriberto Yepez

Tenía muchísimo sin hablar de Doña Yepez - Heriberto Yépez -, a quien francamente, después del zafarrancho donde borracho intentó clavarme un lápiz, le perdí el interés. Ahora me entero que ha dado su opinión sobre el VII Festival de Literatura del Noroeste. Y luego de que leerla, en el sitio de Todos Somos Un Mundo Pequeño, tengo para seguir alzando el edificio de contradicciones donde se halla sumido ese grupo peculiar de carneasadistas (al sur la cultura, al norte la carne asada). Vaya, si el máximo ideólogo del movimiento se recarga en esas paredes, es sencillo descubrir que el edificio no es tal, y que además se halla vacio, y que la carne asada en realidad es pollo, o perro, o soya.

Para ello intercalaré su texto con mis opiniones, que tampoco son mejores que las de él, pero que tampoco pretenden establecer parangones ni raseros. Eso si, ni él ni yo dejamos de ser graciosos, aunque sospecho que lo de Yépez, de nueva cuenta, es involuntario. Venga:

Lo que pienso del Festival de Literatura del Noroeste ya lo he dicho antes, hace meses y hace años: no tiene seriedad. Me invitaron al primero o segundo, asistí, precisamente para hablar de las mafias literarias; no volví a asistir, ¿por qué? Porque respeto mi profesión y lo que ahí se hacía es un mezcladero de escritores, es decir, gente que hace libros y "escritores", gente que "publica" cositas aquí y allá. Si algo ha hecho mal en la literatura mexicana son los "encuentros"; yo ya no voy a casi ninguno. No me interesa socializar. Y en México en los encuentros ni siquiera se discute.

Ya no me sorprende descubrir las jerarquías mentales de Doña Yépez. Los que tasan fueron tasados a su vez, y concientes de eso, apresuraron su paso al escalar las piramides mentales que se formularon para comprender el estado de las cosas, el origen de sus abismos y sus complejos, para que así desde sus alturas pudieran tasar a los otros. Por supuesto, para él es importante establecer que su abstención a festivales de esa naturaleza obedece a su posición jerárquica, a la solemnidad de su profesión. Su primer paso trata, pues, de establecer clases: gente que hace libros... y escritores.

A los festivales hay que invitar autores de un mismo nivel; la selección debe ser uniforme, tener criterios, por ejemplo, de invitar autores con un cierto número de libros o años de trayectoria; y no mezclar a Daniel Sada con el chavo de Mexicali que tiene un blog en el que a veces aparecen acentos. No jodan. Son fondos públicos.

El segundo párrafo me comprueba: Autores de un mismo nivel. Habla de selecciones uniformes, criterios establecidos, y no sé usted lector, pero cuando escucho la palabra selección y criterio pienso en elites, en sociedades configuradas, en apartados sociales y mundos encapsulados y protegidos de otros. Pienso entonces en la jerigonza que pregona el TSUMP, que habla de inclusión, de respeto a los mundos pequeños, a las probables insignificancias. A Doña Yépez deberían controlarlo; alguien debería vigilar la coherencia de la protesta, porque los raseros de este ensayista parecen no tolerar la idea de mezclar a Sada - separado y dividido por sus raseros y automatismos - con blogueros petites que apenas comienzan en este infausto camino de las letras.

Ahora, el peor festival de todos, me disculpan, es el de este año. Mala selección y raquítico. Primero que todo, por favor, ¿no se suponía que Fran apoyaba al zapatismo y era anarquista y no sé cuántos cibercuentos? ¿Cómo trabaja para un violador de derechos humanos? En fin, allá él. Cada quien tiene lo que desea. Illich desea el puesto que nadie más quiso tomar, supongo que a partir de ahora le irá muy bien como funcionario panista.

Los calificativos, a partir de este párrafo, son la regla y brotan desmesurados. Para él, se trata del peor festival de todos. Sus razones las expone en los párrafos siguientes, pero entonces también olvida explicar porqué las ediciones pasadas eran mejores que ésta. Olvida - mejor aún - explicar que tiene que ver las supuestas contradicciones de Fran Ilich con la calidad del evento, ya que entonces, si la contradicción establece parámetros, Yépez debería considerar la autocrítica y comparar su trabajo con su devenir como individuo. Debería tomar conciencia que incluso esta opinión, contradictoria como otras tantas de él, fomentan una completa y total indiferencia por las batallas de TSUMP. Pienso, a estas alturas, que ambas partes - Cecut y TSUMP - arrastran las mismas contradicciones, en un hito que los iguala dentro de sus antagonías.

En lo que toca a la organización del Festival, vean la lista: Leer aquí.
A unos sólo en su casa los conocen, otros llevan años que no tienen libros, otros algunas veces los tuvieron y nunca fueron notorios y otros, sencillamente, son despistados o gente de fuera de Tijuana, que no está enterada para qué están organizando este festival.


Y bueno, ojalá pudiera decir más de su texto. En realidad continúa con lo mismo: clases y raseros. Enumera subespecies; tasa a los escritores como subgéneros literarios. Subgéneros del fracaso, además, pues a los que no llama desconocidos u olvidados, los llama despistados o ingenuos. El asunto es adjetivar de muchas formas a los que en realidad reprueba por participar en el Cecut. Si no compartes su ardid, eres colaboracionista. Le resulta imposible otra clase de crítica, donde no esté implicada la discriminación y la exclusión. No pienso exonerar a Virgilio de nada, pero si puedo ahora señalar, categóricamente, que TSUMP y Doña Yépez no me parecen mejores propuestas, y que si Fecal les permitiera regentear el Cecut, los resultados no serían distintos, ni a los de Virgilio, ni a los de ninguna otra administración cultural de esta honorable república de las carnes asadas.

Cuando vi el "programa" les escribí a mis conocidos preguntando cómo era posible que estuviesen ahí, ¿qué no está viendo que desde la generación de Roberto Castillo hasta L.H. Crosthwaite hasta la nuestra hay un boicot en protesta contra todos los atropellos de Virgilio Muñoz en el Centro Cultural Tijuana? ¿Y salen con la tontería de aceptar ir a leer a un encuentro literario que es un chiste?

En efecto, a sus conocidos. A ellos los reconviene, y amistosamente. Para los que participan en el festival, nada más tiene este remedo de crítica. Si Doña Yépez tuviera una propuesta, en vez de crítica hubiera procurado hacer una reconvención menos privada, más amplia, más incluyente, donde todos los que no tenemos la fortuna de ser sus amigos podamos convencernos con sus razones y motivos. Lo que hace Yépez no es un llamado a la unidad, si no a la separatidad, a la polarización y a las disyuntivas. El hombrecito no parece ayudar a TSUMP, y cualquiera que aplique un mínimo de análisis podrá descubrir lo inconveniente que puede ser una opinión semejante para un grupo que habla de unidad, inclusión y participación.

Rafa Saavedra, Pepe Rojo, Patricia Blake y Carlos Gutiérrez Vidal dicen que no van a participar, que es un error o malentendido que su nombre esté ahí. ¿Cómo llegó su nombre ahí? ¿Hay otros nombres que, realidad, no están confirmados?

Y por supuesto, de la exclusión salta a la teoría conspirativa. Señala la mano que mueve y coloca fichas a su antojo, para un público que primero debió tolerar sus maniqueismos y fundamentalismos literarios. Vaya pericia. A estas alturas ya no le creo nada. Y no es que deba creerle, o que haya escrito para lograr credibilidad - de verdad, espero que no haya sido ese su objeto -, pero cuando comienza a preguntarse los cómos y sus probabilidades, no evito imaginar un hombrecito patético elucubrando oscuridades mientras imagina que enciende la lámpara de Diógenes. De verdad, pobrecito. Si él es el ejemplo de lo que debe ser un escritor, es preferible dedicarse a otras cosas de mejor provecho.

A ver, vamos siendo francos, ¿por qué los invitaron? Los invitan para validar a Muñoz como director del Cecut y mostrar su "inclusividad" y "apertura". A mí también me invitaron por teléfono pero, por supuesto, no.

Y así, llega al punto donde anuncia, con orgullo y relativo porte, que tuvo la suficiencia y placer de declinar invitaciones. Son los "no" que todos debemos presumir. Sería más interesante que nos dijera todos aquellos "si" que, a pesar de la contradicción, pronunció en provecho de su trayectoria literaria o intelectual. Y respecto a si Muñoz busca validez, la idea me parece impasible y hasta cacofónica, casi como si se tratara de la grilla de un sindicato insignificante. La validez del funcionario estriba en su nombramiento oficial, uno que, por desgracia o fortuna - pues no me pronuncio ni a favor ni en contra del Virgilazo -, parece inmutable ante la peregrinación de protestas del sector cultural. Creo que, a estas alturas, los que deberían buscar validez ante la sociedad, son otros. De verdad.

Ahora ya puede ir y mostrar este programa como "prueba" de que Virgilio Muñoz es inclusivo, qué risa. Aunque, a final de cuentas, los nombres enlistados ni siquiera estaban confirmados realmente o se presenten al evento. Lo importante es que ya salió en prensa.

Por otra parte, desgraciadamente, siempre hay gente que quiere "leer" su "obra" o tener un puntito en su currículum. Les aseguró que esos mismos que hoy asisten, serán los que el Cecut va a publicar, ya verán, se los apuesto. Los derechos humanos, la corrupción panista-priista les vale wilson, lo importante es ser "invitado" y "tomado en cuenta" porque su sueño dorado es creer que son escritores. Qué patéticos. Sobre todo, los que se la pasaban criticando este encuentro y ahora cuando está PEOR QUE NUNCA ahí están. No lo niego: me da satisfacción verlos contradiciéndose tan burdamente una vez más.

En fin. Pobre Yépez. En vez de adherir, su proclividad por la llamarada es inevitable. Incluso tiene el poder psíquico de denunciar futuros amafiamientos y padrinazgos editoriales. Con esto que dice, cualquiera que cometa el tino de publicar en los fondos del Cecut - ignoro como funcionen, de verdad - caerá irremediablemente en los goznes de la nueva mafia cecutera. Eso, al menos que se desdiga y desde su parapeto decida quienes fueron publicados por talento y quienes por nepotismo o amistad. El hombrecito se mete en camisa de once varas. En camisa propia, además; donde le mostrará a todos, con alardes de Houdini criticastro, toda la razón que cabe en sus señalamientos. Por supuesto, lo hace con placer y satisfacción: el mismo lo reconoce. Lo suyo se revela como un organelo de compulsiones, que ya no le provoca culpas ni diferendos. Siempre habrá quien lo lea sin cuestionarle, sólo porque se identifican circunstancialmente con él. Yépez hace proclamas y acusaciones desde la tierra de las visceras que humean en el asador.

Sé que jóvenes interesados en escribir leen este blog, entre otros grupos, pero a ellos les quiero decir esto: olvídense de encuentros y encuentritos; vayan a reuniones reales de literatura cuando ya tengan libros, en eso concéntrense, en hacer buenos libros, ya que los hagan, entonces, cuando los inviten a un encuentro pregunten de qué se trata, y si el encuentro es serio, es decir, tiene criterios de calidad, vayan; si no, no promuevan que la literatura sea confundida con los "encuentritos".

Ya en este párrafo adopta la calma. Se torna paternal y reparte consejería. Después de la regañiza y el sermón deviene la recomendación, y solo espero que no eduque así a sus hijos. ¿Quién eres para establecer raseros? ¿Desde cual pedestal proclamas la suficiencia para hablarle a los jovenes? ¿Desde tus novelas horribles? ¿Desde tus ensayos mediocres? ¿Ahora también repartes bienaventuranzas a las nuevas generaciones de escritores? ¿Qué es una "reunión real de literatura"? ¿No te parece exclusivo dividir el mundito literario entre realidades y ficciones? O más bien ¿Estás dividiendo a la literatura, o estás separando la carne que tienes en el asador? Peor aún, ¿cómo decidiste que, para ir a reuniones, festivales y encuentritos, es necesario tener libros? ¿Cuantos libros? ¿Sobre qué deben versar dichos libros? ¿Quién decide si los libros en el haber son los suficientes para participar?

Lo tuyo es la exclusión, la división, la separación. En vez de convocar, divides, rechazas, desilusionas. Bueno, a mi en realidad jamás me has ilusionado. Lo que si, es que tampoco ayudas a TSUMP, y si ellos no se dan cuenta de eso, tampoco es mi problema. Pero no puedo evitar sentir una profunda pena ajena por lo que acabas de representar en esta diatriba tuya, tan propia de ti, tan llena de tus anacronías más fundamentales. Te revelas como aquel muchachito contestón que lanzaba espumarajos, solo que ya no tienes veinte años, Yépez, y ahora estás viejo, y lo único que te ha dado la edad es la creencia de que ahora también puedes dar consejos.

Ya sé que me odiarán aún más personas por decir esto, pero, bueno, digo lo que pienso. Y como estamos en tiempos donde los mediocres están en las instituciones públicas, es necesario tomarse cinco minutos para escribir esto.

Y yo de tomarme los quince minutos para desmenuzarlo. Por supuesto, es más fácil lanzar saliva; siempre es más rápido. Pero no por eso voy a odiarte. Es mejor comprenderte y congratular que contigo jamás me equivoco. Y eso, Yépez, te coloca en una medianía que quizá te horrorice, porque al parecer siempre le has temido a la medianía. No te preocupes. Espero que algún día el mundo te reconozca el gran talento, y puedas, ahora si, voltear para contemplar con magnanimidad, desde tus fueros, a los que solo son mediocres. Mediocres, claro, desde tu rasero.

Mis amigos me dicen que ya no invierta tiempo en denunciar tanta jodidez, pero, lo confieso: me divierte fustigar la mediocridad y como estoy acostumbrado a que los mediocres me odien, me divierte bastante verlos brincar.

Deberías hacerle caso a tus amigos. Pues en realidad sospecho que apenas fustigaste tus mediocridades. Lo tuyo no es denuncia, es confesión.

Saludos.

Ps. Y hablando de inclusiones y mundos pequeños, le pido a los del TSUMP que, por favor, incluyan esto en su página. Que no hable a favor no significa que no hable del tema en absoluto.

Saturday, October 31, 2009

I got Straight Edge

Tengo ya bastante sin probar alcohol. Ni siquiera una gota. La lucidez que me brinda y la claridad de conciencia no pueden ser llamadas virtudes sino realidades y consecuencias. No poder recurrir a la embriaguez, ni siquiera la de fin de semana - aquella a la que tantísimos recurren, sin más, para aligerar rutinas, aburrimientos, sopores y estrés -, me ha arrebatado la nulidad de la indolencia, y todo es irremediablemente real y explícito, y mi entorno me exige compromiso.

He tenido que ser malinterpretado por ello. El trato que me da la gente que toma, incluso la gente que es alcohólica funcional, ha sido aún más moralista que aquellos que me censuraron durante mis años de parranda. Suponen que he dejado de tomar porque perdí el control, porque no pude ser como ellos que solo se emborrachan los fines de semana, que toman alegremente entre amigos y en fiestas, que lo mio fue un infierno del cual quise salir y hube de volverme sobrio y abstemio. Pero se equivocan.

A mi la borrachera me divertía. Y mucho. Me entusiasmaba la fiesta, el trago, la disolvencia de un buen whisky, el frescor de mucha cerveza. Incluso la quietud y plática de un vino. Antes de que dejara de tomar por completo, ya no tomaba como en otros tiempos: en abuso ramplón. Mi estómago ya no me lo permitía, y la estupidez de la embriaguez me resultaba aburrida y recurrente. Más que huir de la borrachera, me harté de la complacencia que me provocaba, de la igualdad a la que me reducía con los que me rodeaban en los bares y jolgorios. Vivo, después de todo, en una ciudad donde tomar es practicamente lo único que hay para hacer, y donde el espacio que divide un borracho patibulario del sommelier o enólogo más pretencioso es, en ejemplo, el mismo que divide un policía de un narcotraficante.

Dejé de tomar para volverme Straight Edge (sXe). Me hice sXe porque también soy punk, y porque deseaba un compromiso: vivir de forma diferente a los que me rodean. No lo hice porque estuviera huyendo de mi pasado, o porque estuviera arrepentido o atormentado por los daños de la parranda y la cerveza. El pasado no me privó del trago, sino la perspectiva de un futuro diferente. Eso, y el cutis horroroso de las tipas que pululan los bares de la calle sexta, sus ojeras espantosas y el estrabismo incipiente en sus ojos, consecuencia del daño neuronal por los desvelos y la borrachera.

Supuse que deseaba ser diferente a toda esa gente. Y luego de que los contemplé borrachos, desde mi sobriedad, supe lo penoso que fue estar borracho. Con el tiempo aprendí a tolerarlos - tal como me hubiera gustado ser tolerado cuando estuve ebrio - y al final los acepté por completo, evitandolos cuando se tornaban insoportables. La sensación de preferir la sobriedad aun cuando pudiera tomar moderadamente, la capacidad de declinar la mentira del "trago social", del "paladar mesurado y educado", me ayudó a descubrir la inutilidad de tomar alcohol en absoluto ¿Para qué tomar? ¿Me pierdo de algo absteniendome? Las respuestas a ambas preguntas eran más coherentes que las indulgencias que me invitaban a beber.

He tenido que soportar la burla velada de los que me ven tomando cualquier otra cosa sin alcohol. Nunca me han ofendido, a decir verdad: algunos de ellos son grandes amigos. He tolerado, incluso, la perorata arrogante de tipas y tipos de veintipoco años que se suponen más experimentados, más bohemios o más poetas, educados o vividos porque se embriagan o drogan en bares sicalípticos a los que yo acudía cuando ellos eran aún niños. Suponen que intoxicarse va de la mano con la vida intensa, con la sensibilidad y la sublimación. Yo quisiera que aprendieran a vivir, cada semana, sobrios y con la imposibilidad de evadirse.

Mi sobriedad me sacó de mi cinismo. De mi nihilismo abotargado, de mi enfado barato, sublimado en lecturas de intelectuales y escritores ociosos y arruinados. Ser alcoholico, funcional o destrozado, es ser autocomplaciente. El que se autocomplace se instala en una ruina orquestada, o en la medianía de no poder superar sus aburrimientos clasemedieros, sus contemplaciones de hormiguero. Es incluso más loable el alcohólico arruinado que el bebedor social que traga licores para desaforar su lengua y aligerar sus tensiones. Este último es apenas un onanista estomacal, mientras que aquel ha decidido el incendio completo y sus consecuencias.

Ahora me importan cosas que antes me habían dejado de importar. Si alguien se atreve a suponer que la sensibilidad, la inspiración y el buen juicio vienen con la bebida, en mi caso debo asegurarles que no. Si acaso adquirí el ritmo y la remembranza que todo mundo le aplaude a un borracho inspirado; el mismo que la solaparon al poeta afectado, al pintor atormentado, al mariachi que se empecina en sus gritos de amor y aguardiente. El borracho es nada más un ícono. El bebedor social también. Ambos aparentan ligereza, pero están cargadísimos de estupidez e indolencia.

Como sea, las personas quizá no lo entiendan. Yo si, y no solamente cuando escucho a Minor Threat cantando "Out of Step with the World" o "Straight Edge". Lo entiendo cuando despierto todos los días sin la menor resaca; lo comprendo cuando acometo enormes cargas de ejercicio físico y me descubro con vigores renovados. Lo asumo cuando descubro que no tengo forma de evadir la noticia diaria, y cuando además he tenido que asumirla y comprometerme con ella. Mi entorno sucede: no puedo sustraerme de el.

Estar sobrio no es una virtud. Es apenas una responsabilidad.

Friday, October 30, 2009

¿Quién cabe en un mundo pequeño?

Hoy visité, por tercera vez, el sitio de Todos Somos un Mundo Pequeño (TSUMP).

Lo hice, y leí y recordé aquellos tiempos donde todos los integrantes de TSUMP trabajaban y colaboraban con el Cecut para obtener prebendas, canonjías y privilegios.

Prebendas porque, mientras las obtuvieron fueron colaboradores pacíficos, y mientras la casa tocó un son agradable, poco importó que varios de los funcionarios que ya trabajaban en el Cecut tuvieran, también, un curriculo gris o trayectoria truculenta como la que le endilgan a Virgilio Muñoz.

Canonjías porque el provecho de las actividades culturales de muchos de los que participaron en las exposiciones, festivales y demás, eventos organizados por el Cecut con presupuesto público, fueron en beneficio de un sector bien definido de la intelectualidad. Muchos de ellos influyeron bastante para beneficiar el trabajo de amigos y conocidos, y para excluir a cualquiera que, aunque tuviera injerencia o relación con algún tema propuesto en tales eventos, no fueran considerados "amistosos" o acordes a sus dogmas y consideraciones teóricas y nada colegiadas.

Privilegios porque, durante un tiempo definido, fueron ellos, la mayoría al menos, los únicos beneficiados con la política pasada del Cecut. Por supuesto, se podrá argumentar que hay otros cuya protesta es más legítima por desinteresada o platónica, y sin embargo, la turbamulta sigue pareciendo turbia e incoherente. Es imposible reconocer legitimidad alguna en una protesta que ni siquiera es urgente en la ciudad o en el país, y que, además, no contiene una propuesta concreta y diferente a la administración anterior a Virgilio. Una admistración que tampoco funcionaba y que, sinceramente, no me parece diferente a la actual.

Quiero aclarar - y lo hago por buena voluntad y no porque deba hacerlo - que mi postura no asume partido. Lo mio es cuestionar: y cuestiono a TSUMP. Cuestionar al Cecut y a Virgilio es ocioso y recurrente. Es, apelando al folklor, esperar peras del olmo. Yo prefiero cuestionar al TSUMP, preguntarle incluso por qué, por ejemplo, en su listado de notas relacionadas a su protesta, no aparecen las columnas que he escrito respecto al tema ¿Es quizá por que no han sido absolutamente cordiales y consecuentes a su queja? ¿Es así como hablan de mundos pequeños? ¿Es un mundo donde no caben otras opiniones? O quizá es nada más pequeño, porque es imposible la entrada de un criterio diferente al suyo.

He escrito esto y todo lo anterior nada más porque considero que el contenido de TSUMP es tan cuestionable como la dirección de Virgilio, personaje a quien, por otro lado, ni me perjudica ni beneficia.

Y no, no es indiferencia. De verdad: me beneficia muy poco a quien pongan en el Cecut. Creo que lo que debe cambiar es la conciencia de sus usuarios y beneficiarios. Como en el país. Como en todo lo que sucede en esta honorable nación.

Sunday, October 18, 2009

Narcoguerrilla

La táctica de guerrillas sugiere una guerra de baja intensidad. Semejante a la que acontece en Tijuana, que me recuerda todos aquellos posibles combates que pudieran suceder en un país que, según especialistas, camina los linderos del levantamiento social, un camino trazado sobre hielo que se deshace con la parsimonía de un iceberg.

En Tijuana, la que muchos dicen conocer, especialmente cuando enfilan sus autos en huida hacia sus beneplácitos sandieguinos, los narcotraficantes practican una guerrilla contra la policía que, en estrategia, equipo y personal, es candidamente barata y sinuosa. Parecido a un barrio de prostibulos, bares y lupanares, el combate se mimetiza y cambia su iluminación en todas sus esquinas, en calles que se estrechan, retentivas, para que el pertrecho y la trinchera sea imposible mientras los policías son emboscados al bajar de sus patrullas cuando apetecen un horroroso café del Oxxo o Ampm.

Por supuesto, lo único que carece todo el equipo de sicarios y narcoguerrilleros es de un manifiesto político y - por más elemental que éste sea - de un objetivo o propósito militar. La intención es instituir el asesinato de policías como una simpleza, hasta que se convierta en una rutina tijuanense. Como la de los neoburguesitos cruzando con visa sentri a San Diego, o el de sus literatos, intelectuales y seudoperiodistas, cuya preparación académica y lírica embellecen la monserga que tanto recitan. La ciudad esta dividida entre los que la padecen y los que la contemplan. Resulta irónico que los quejumbrosos sean nada más los espectadores.

¿Qué cuanto cuesta armar a un escuadrón de narcoguerrilleros? Un buen amigo, militar y toda la cosa, me lo ha explicado: Un kalashnikov cuesta entre 800 y 1500 dólares, dependiendo el proveedor; costear el parque y amuniciones, otros 200 dólares por 600 tiros; si es menester, incluir un chaleco de kevlar cuesta entre 500 y 800 dólares. Todo eso hay que multiplicarlo por seis a nueve personas, más los sueldos que los lugartenientes y mafiosos disponen para cada matarife extraido de los sempiternos nidos sociales: 400 dólares a la semana más 300 dólares de comisión por agente muerto.

Hay que desconocer el número de células o escuadrones que operan en la ciudad. Sin duda, cada uno de sus elementos es intercambiable y sustituible. Decir que tienen entrenamiento sería negar que más bien trabajan envalentonados con el dinero y la cocaina. Si carecen de credo político (y no importa que en este país sobren razones para ir a matar policías, militares y políticos), es irrelevante, cuando tienen toda una cultura y lógica social para inspirarlos. Si a esas vamos, los mafiosos tienen reclutas para largo (aunque la expresión suene ramplona y arriesgada). Lo que si, es que han dados resultados que quizá solo horroricen al convertirse en estadística: 80 policías malheridos en ocho meses, más sus respectivos muertos in situ.

Es de conocimiento militar que los heridos son las verdaderas bajas en una guerra. Todos ellos quedan como expresiones vivientes y andantes del horror de la violencia. Los muertos son heroes, y solo hablan de sacrificios, esfuerzos y valentías; incluso, en Tijuana, emancipan la deteriorada imagen de la policía municipal.

Yo desconozco el derrotero de esta guerra contra el narco, pero soy de la opinión - y miren que detesto opinar como si tuviera mejor derecho que un policía o un narcoguerrillero para hacerlo - que cuando se recurre a combates de baja intensidad, de proporción sesgada y mutis perpetuo, es hora de ir cambiando de táctica y abandonar las balas y el ulular de las patrullas.

Y bueno, hablo al respecto porque es verdaderamente una lástima la frivolidad a la que hemos sido reducidos con tanta presencia militar, balaceras y asesinatos. Cuando soy optimista, quiero suponer que la ciudad es un presagio baratito del verdadero costo de la guerra contra el narcotráfico.

Thursday, October 15, 2009

Lean La Ch...

Lean La Ch.

Y leanme a mi, si quieren.

Hagan click aquí.

Wednesday, September 30, 2009

Lean La Ch...

Lean La Ch. Escribí algo ahí y quiero que me digan si es bueno o malo, snif.

Hagan click aquí.

Adios.

Tuesday, September 29, 2009

Un semen de suicida

Hace un año era miercoles y aproveché las entradas al dos por uno para invitar a Rebeca a suicidarse en el cine conmigo.

Le dije que lo hariamos en el claroscuro, justo enmedio de la sala, en las butacas centrales. Le daría un tiro y luego yo me daría otro y adios. La película, si bien recuerdo, era un drama sobre alguna masacre decimonónica en Africa. Le dije que la besaría; le dije que le arruinariamos la película a la gente.

Lo planeamos todo para la función de las cinco de la tarde. Al mediodía ya tenía mi pistola preparada. Hicimos el amor: nunca lo habiamos hecho. Lo hicimos sin condón por supuesto, y ella me confesó el enorme asco que le provocaba la idea de tenerme dentro suyo, de imaginar mi eyaculación rebalsandola de semen. Me vine dentro, y luego dormí diez minutos: soñé que recordaba todas las fechas importantes de mi vida y se las compartía.

Cuando desperté descubrí que, excepto la fecha de mi nacimiento, no podía recordar ninguna de las fechas importantes o simbólicas de mi vida.

No recordaba la fecha exacta cuando la hermanastra de mi padre me desvirgó, o cuando me emborraché por primera vez. Tampoco cuando leí mi primera novela: Germinal de Emile Zolá. Ni cuando besé a alguien por primera vez. La primera vez que besé a alguien, eso si, había sido un hombre, debajo de mi cama; mi hermano pequeño nos descubrió y luego huyó asustado a otra recámara.

Eso no te vuelve homosexual, solo tienes mala memoria, me dijo. Le dije que era razón de más para matarme, y para matarla a ella. Estabamos los dos tirados sobre la cama, pero yo me senté para contemplar su cuerpo. Vi que entre los pelos de su pubis se aglomeraba un gusarapo de mi semen, y quise recordar la última vez que había visto algo semejante, esperma mio escurriendose desde el cuerpo de una mujer.

Era como para meditar mi paso por el mundo, me dije.

Hace un año, exactamente, Rebeca se levantó de mi cama sin importar que mis fluidos se resbalaran por su entrepierna. Dejó un rastro en mi cama y un poco más sobre la alfombra; había eyaculado mucho, opiné, y le pedí que se bañara, pero no me hizo caso. Volvimos a tener sexo, y casi inmediatamente nos vestimos y nos marchamos sin decir gran cosa al cine donde nos matariamos como los estúpidos que eramos.

En la sala, las butacas centrales estaban ocupadas por una pareja, así que nos sentamos una fila más abajo. A los quince minutos de la película, escuché que el fulano le detallaba a la mujer aspectos técnicos sobre la película: la toma en picada del inicio, el paneo característico del cine francés de los setentas, la cámara al hombro, y guisas parecidas en un tono grandilocuente, rebuscado y fanfarrón. Recuerdo que tuve unas ganas tremendas de sacarme la verga y mostrarselas con gesto serio y preguntarle si mi falo era digno de Bergman o de Herzog, pero tenía la pistola fajada enfrente y hubiera tenido que sacarla y exponerla prematuramente.

Le dije a Rebeca que antes de matarnos me iba cargar a la pareja culturosa de atrás. Me respondió con susurros y absorta que estaba disfrutando la película, y que si acaso podiamos suicidarnos al final durante los créditos, o mejor aun: en otra función y en otra sala. Contemplé su rostro embelesado y sentí un odio definitivo, un escozor de ira insoportable, propio de homicidas. Así que saqué mi escuadra, subí cartucho, amartillé y disparé contra Rebeca y los dos de atrás, y supongo que también contra otros, porque seguí disparando a tontas y locas hasta que la gente comenzó a gritar y salir corriendo.

A mi me detuvieron dos o tres semanas después. No tenía nada contra mio, excepto el semen que había lanzado despreocupadamente en Rebeca. Un semen de suicida, opiné. Un semen despreocupado, de un hombre que se atreve a todo cuando se halla próximo a una pérdida.

Una razón extra para utilizar condones.

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